LOS NFT, ¿NUEVOS AGENTES DEL CAMBIO?

Desde hace muy poco, el término NFT ha empezado a inundar las portadas de medios de todo el mundo y han proliferado numerosos artículos de blogs especializados alabando sus virtudes. A priori, parece un elemento que ha llegado para revolucionar el sector de las criptodivisas y el del arte. Pero… ¿es todo tan positivo como parece?

¿Qué es un NFT?

NFT es el acrónimo de Non-Fundable Tokens (tokens no fungibles). A diferencia del bitcoin, este tipo de token criptográfico representa algo único, por lo que son mutuamente intercambiables. Los tokens no fungibles se usan para crear una escasez digital verificable, así como brindar propiedad digital y la posibilidad de interoperar los activos en distintas plataformas. Su aplicación requiere activos digitales únicos, poniendo en este caso al arte en el punto de mira.

Todo esto explotó cuando Beeple, un artista digital, vendió una de sus obras por valor de 69 millones de dólares. Tras el éxito rotundo de la subasta, miles de artistas digitales comenzaron a vender sus obras en plataformas como Rarible o Foundation.app, haciendo que se pujen cantidades desorbitadas de dinero por una fotografía, una ilustración digital o un gif.

Beeple Everydays the first 5000 Days
Collage de Beeple ‘Everydays: The First 5000 Days’

Por todo esto, la cotización bursátil de este tipo de criptodivisas ha experimentado un aumento drástico y ha despertado el interés de los artistas más grandes. Pero, ¿estamos ante una nueva burbuja? Recordemos el impacto que las declaraciones de Elon Musk tuvieron en la prensa internacional y cómo acabó repercutiendo en el valor del bitcoin. Al igual que entonces, si bien sabemos que los NFT están basados en una tecnología novedosa, todo lo demás parece estar en el aire.

¿Qué problema existe con los NFT?

Este tipo de divisa tiene su propio mercado y se regula por sí mismo gracias a la tecnología blockchain. Pero, aunque suene novedoso y parezca que ha llegado a mejorar nuestro futuro, también tiene su parte cuestionable. Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los NFT y la tecnología blockchain es, en general, su impacto medioambiental. La cantidad de energía necesaria para obtener un NFT es muy elevada. Por ejemplo, producir, vender y enviar por avión una obra de arte física consume en torno a los 2 kg de CO2 de media.

Sin embargo, si hablamos de producir una obra digital NFT, solamente el hecho de vender e integrar el NFT en la blockchain consume en torno a los 150 kg de CO2. Un consumo equiparable a volar durante 1500 horas o tener un ordenador encendido ininterrumpidamente durante 700 años. El problema de por qué es tan contaminante reside en las granjas de minería. Para que la blockchain sea rentable, las granjas de minería se sitúan en países donde la electricidad es muy barata, y para que la electricidad sea barata se necesita carbón.

Desgraciadamente la energía limpia es más costosa de producir debido a que está en vías de desarrollo y no hay infraestructuras suficientes para cubrir su demanda. En países donde las renovables no existen se sigue generando electricidad en las centrales térmicas. La electricidad generada por éstas es muy barata, pero muy contaminante ya que queman carbón en el proceso. Sin duda alguna, los NFT plantean una solución a un desafío tan grande como hoy en día es la autoría digital. Pero dejar de lado otro reto tan importante como es la reducción de emisiones contaminantes no parece ser el camino.

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